Reproducción de orquideas?

En la corteza de ciertos árboles habita un hongo específico, con el cual las semillas de las orquídeas se relacionan hasta tanto hayan alcanzado un nivel de desarrollo favorable, para iniciar otro, el del óptimo crecimiento de la futura planta. Una vez logrado este estadío superior, la pequeña plántula se independiza para siempre del hongo que por un tiempo fue el que le suministró las sustancias nutritivas imprescindibles para la germinación y demás procesos biológicos.

Sin esta simbiosis transitoria, las orquídeas en condiciones naturales no tendrían una multiplicación sexual. Lógicamente, no todas las semillas llegan a ser una planta, ya sea por el inseguro paradero que les espera a muchas de ellas o por la infertilidad de un por ciento de las mismas.

El hombre a lo largo de la historia, en su afán de conocer asuntos aún inexplorados, ha realizado valiosos aportes científico-culturales. Las orquídeas no han estado exentas de la curiosidad humana. Y lo prueba la idea continuada hasta nuestros días, de lograrlas, además, en condiciones artificiales por medio de la técnica del cultivo in vitro. Excelentes e interesantes son los resultados que logran alcanzarse de este modo. En nuestro país tal experiencia ha sido aplicada en más de una oportunidad.

El cultivo in vitro del fino polvo de las semillas de este ente ornamental, permite obtener un conjunto de vigorozas plantas en un tiempo más corto a como suele suceder en un ambiente natural. El definitivo éxito se alcanza con una adecuada selección y esterilización de las semillas a sembrar en un medio nutritivo inorgánico y, posteriormente, con el grado de adaptabilidad de las vitroplantas en su medio (a)biótico.

Si algún día desapareciera de la faz de la Tierra el hongo Rhizostoma, el cultivo in vitro salvaría a estas preciadas plantas, que superan las 25 000 especies.

Sin embargo existe una modalidad de reproducción asexual asequible al aficionado: los keikis.

Un keiki es un hijuelo que la planta madre emite en la vara floral, tras la floración.
Por supuesto no siempre ocurre. Pero se puede estimular su emisión.

Para ello, tras la floración, se corta la vara por encima de un nudo sobre la mitad de su longitud. Luego se retira con cuidado la pielecilla que cubre las yemas de los entrenudos, con mucho cuidado para no dañar éstos. Con ello conseguiremos que les llegue más luz.

También se puede añadir «pasta para keikis» que es una pasta especial con una hormona, benziladenina, que estimula su emisión. Una vez el keiki ha emitido raíces de unos 4 cm, se puede separar de la planta madre, aunque hay quien prefiere dejarlo más tiempo unido, a la vez que lo coloca sobre una macetita con substrato, para que desarrolle más las raíces.

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